
-¿Y usted que hace allá arriba?
-Aquí, matando el tiempo.
-Al tiempo no hay que matarlo, se ignora: ese maldito condenado nunca muere, ¿no lo sabía? Lo que hay que hacer es engañarlo. Me he dado cuenta de que es tonto, y si le haces creer que eres feliz, se larga a otra parte. Sólo fastidia a los tristes.
-Eso no me lo creo.
-Porque no ha hecho la prueba. Hágase la alegre y verá.

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